Lagartijas

Malas Historias
Colección de relatos inspirada en los disparadores literarios que propone la Agenda Creativa 2016 de Indigo Crea.

 


Mientras el niño usa su imaginación para recrear otra era con los dinosaurios de plástico en su habitación, un reptil más moderno utiliza la suya para tomar el sol a pesar de que esta diluviando en el patio.
Se quedó fuera desde el verano, cuando el pequeño creía que también era un dinosaurio. Fueron buenos tiempos, con preguntas sobre él y preguntas dirigidas a él.

Una vida de juguete que llegó a su fin demasiado pronto y ahora su única función  es servir de coartada para la otra lagartija que a veces se cuela en el jardín demasiado tarde. No es el papel que un juguete leal haría con gusto, pero así son las cosas para los objetos inanimados.

Cada vez que alguien mira a la otra lagartija, sus reflexiones o una conversación breve llevan a la misma conclusión: “es un juguete que el niño dejo fuera”. Y como mucho, comentan que parecía que se estaba moviendo, y se ríen de las bromas que les juega su imaginación.

Y lo dejan pasar.

Lo dejarían pasar aunque supieran que el animalito que vieron moverse no era el mismo reptil de plástico que no puede buscar refugio con este clima. Aunque quizá alguno le lanzaría una piedra. Pero no se preocuparían, no cerrarían con más cuidado las ventanas. ¿Por qué harían alboroto por una lagartija? Ya bastante tienen con preocuparse de si las lechuzas o los gatos negros llevan mensajes de muerte o infortunio prolongado.

El gato de la familia es color negro, pero no trae mala suerte y no ha sido reclamado por la bruja del pueblo, al parecer es seguro tenerlo en casa. Ni siquiera el perico necesita temerle, porque es un animalito perezoso que solo muestra interés en los bichos si son de juguete. Por eso, no hace caso a la lagartija oscura que, por fin, ha decidido entrar por la ventana abierta en el cuarto del niño.

Hoy tiene luna nueva, y la lluvia cesará muy pronto.

Hoy es un buen día para pasar la tarde con un inocente y dedicar la noche a engañarlo para que salga de casa. Hoy es un buen día para que una familia pierda su mayor tesoro y ella gane unos años más de vida.

Un pobre como cualquier otro

A veces resulta un poco abrumador que la gente me agradezca efusivamente en lugar de pronunciar un saludo apresurado. No los reconozco a todos, pero la historia es siempre la misma: tenían hambre y frío, sus semejantes los miraban con desprecio o pesar, les dejaban reproches o monedas de esas que ya casi no valen; pero la fundación que manejo con solo cinco empleados, les dio mas que monedas, les dio un nuevo comienzo.

Me alegra mucho encontrar otra víctima de sus decisiones o de las circunstancias, tomarle algunas fotos, organizar la campaña… Todo el trámite para poder levantar a este ser humano en desgracia. Y siento profunda tristeza cuando veo que uno de ellos desperdició también esta oportunidad.

Donde mis emociones no están claras, es con todo ese agradecimiento. Y sonrío, aseguro que sólo pretendo ayudar o les recuerdo que algún día ellos encontraran a alguien que necesite su ayuda. Doy discursos en la televisión, respondo lo que mejor sonará en las entrevistas.

Pero me siento extraño.

Una voz en lo mas profundo me dice que confiese.

Pero, ¿qué sería entonces de la fundación y de esos cinco empleados? ¿Que sería de la gente a la que aún no hemos ayudado? ¿Que sería de mí y de mi familia?

En realidad, no le hago daño a nadie. Es cierto que saco mi parte, pero ayudarme a mi mismo no es un delito, o no debería serlo.

No es que les robe a las personas sin hogar. Para nada, no. Si les doy una mano, más bien, al tomar sus problemas y convertirlos en una fuente de ingresos. Y sí, claro, me alimento y cobijo a mí mismo, quizá mi casa sea un poco… bastante mas grande y elegante que las que hemos obsequiado en la fundación, y mi auto es lo bastante lujoso para dar de qué hablar a mis detractores.
¿Pero que han hecho ellos? ¡Nada!
Yo le ayudo a los pobres, les doy oportunidades para ponerse en pie, y cuando organicé todo esto, cuando determiné el uso que se daría a cada tipo de donaciones, yo no era ni más ni menos que uno de esos pobres; siempre supe que debía cambiar un poco la estructura cuando tuviera lo que necesitaba, y lo haré, lo haré.

Es sólo que todavía necesito más.

Telarañas y versos

Creía que debía construirles un hogar.
Una caja de zapatos,
Un puñado de fotos,
Siquiera una carpeta de historias por contar.

Pero una maquina de escribir prestada
no cabe en espacios tan pequeños
así como no caben en palabras los sueños,
y ella quedo fuera cual historia olvidada.

Ella.
Mi mejor amiga de otros tiempos,
cuando las historias eran cuentos.

Ella.
Cantaba cada letra y cada espacio
y aun con errores estaba en cada paso.

Ella.
No se que le pasó cuando me fui,
si alguien me lo dijo, no lo oí.

No hable de nuevo a través de sus teclas,
no se en dónde estará, oxidada y sola.
¿Recuerda acaso como contar historias?

El gato debe estar en el patio

No era suyo, de cualquier modo. Era el gato de sus hijos. ¡Y cómo querían a ese horrible bicho! No tenía nada en contra de los gatos, su problema era nada mas con este trapeador poseído.

Le había puesto de todo en el patio de atrás: juguetes, comida, refugio… Pero el bicho insistía en colarse en la sala. Mientras los chicos estaban en la escuela, él y su esposa estaban aquí, tratando de atrapar al felino para sacarlo de la casa. El bicho solo corría de un metedero al otro mientras ellos tropezaban y chocaban constantemente. Sigue leyendo

Cómo si diera excusas

Me miró con los ojitos suplicantes y los brazos cruzados frente al pecho. No dijo nada, pues nunca lo decía cuando estaba enojado.
―Nana dice que no has preparado tu mochila ―comenté, como quien no quiere la cosa.
―No la ocupo.
―¿Estás seguro? ―agregué, haciendo lo posible por sonar tranquila, sin juzgarlo.
Asintió, con esa seriedad que sólo poseen los niños más pequeños.
―Es para niños que van a ir al kinder.
―Sí, eso es. Niños que van al kinder, como tú. Ya te lo habíamos dicho.
No dijo nada. Permanecía serio y controlaba la conversación con su silencio. Siempre me sorprende y me desespera la forma en que los niños pueden llevarte a callejones sin salida.
―Podrás jugar con otros niños. Y aprenderás muchas cosas nuevas… ―me exprimí el cerebro, intentando encontrar una razón que tuviera sentido para él―. ¿Recuerdas lo mucho que te gustan los cuentos?
Asintió, animado pero con cautela.
―¿Y recuerdas como lloras cuando quieres un cuento y todos están ocupados?
Reconocí la curiosidad en sus carita mientras me respondía que sí.
―Los niños que van al kinder, aprenden letras, y un día, después de estudiar y aprender mucho, pueden leer sus propios cuentos ―dije, esperando poder tentarlo con eso.
Lo meditó, y parecía no llegar a ninguna conclusión, así que agregué:
―Y te leerán cuentos a diario. Y aprenderás a contar. A mí me gustó mucho.
―¿Fuistes al kinder? ―se sorprendió.
―Por supuesto. ¿Cómo iba a perderme la oportunidad? No puedes ser doctor, ni abogado, ni ninguna de esas profesiones que ves en la televisión, si no vas al kinder para empezar.
―Bueno, voy a ir ―dijo, de mala gana.
Pero temo lo que ocurra con mi pequeña victoria cuando haya pasado una semana y todavía no le hayan enseñado a leer.

Versos sin sentido

En esto de los versos
he sido una vergüenza
desde mi primer texto.

Igual que una fridera,
de triturar verdura
tiene muy poca idea;

y nadie hay en la tierra
que explique a un buen comal
como cortar un filete de ternera.

Pero todo es posible
y nada es demasiado
cuando sólo se escribe.

Me prepara la cena
un pez fuera del agua.
¿Y yo? Escribo un poema.

Mi poema es un cuento
la cena será el libro de recetas
que ahora es endulzado por un cuenco.

El postre, servido en el cuchillo,
consta de zanahoria
y un poco de tomillo.

De tomar, el aceite,
servido en una caja de cereal
o quizá en un sorbete.

Tomaré mi sopa de receta
con cualquier tenedor de la cocina
y usaré mi poema como servilleta.