Cuando tu novio necesita otra relación

Proyecto de Adictos a la escritura
Febrero 2011

Él siempre supo como hacer reír – y llorar – a una chica. Nunca dos a la vez, ninguna más de dos meses: tenía un sistema y cuando lo usaba había sido bueno. Pero ahora estaba “estáncado” en la misma relación monótona y práctica.

Ya no era divertido besarse en público para ver quién se quedaba mirándolos y quién hacía comentarios sobre la falta de decencia. Apenas tenían tiempo para verse debido al aumento de responsabilidades de trabajo, así que se veían sólo cuando el departamento contable necesitaba resolver asuntos legales.

Los días eran muy cortos y ella era de esas señoritas – mojigatas, las llamaba él – que no podría pasar una noche en casa de él. Si quería volver a divertirse en una relación romántica, él necesitaría hacer cambios.

Y él – una persona que solamente trabajaba para tener dinero para divertirse – no se lo cuestionó. Lo primero, que debía hacer era acabar con el noviazgo. Sólo necesitaba encontrar el momento. Tras meditarlo un poco, decidió que era posible reunirse a la hora del almuerzo. Era una pésima fecha, con toda el mundo intercambiando flores y chocolates.

Cuando les sirvieron la comida, le quedaban más o menos quince minutos para plantearle los hechos a la mujer más amable, sexy, práctica y explosiva que había conocido.

Al principio ella pensó que era un chiste, pero su expresión cambió al entender que hablaba en serio. En los infinitos segundos que duró ese cambio, él se preguntaba si ella fingira no darle importancia al asunto o si lo atacaría con el tenedor de plástico. Ella no hizo ninguna de esas cosas.

― Y, ¿qué vamos a hacer?

¡Claro! Era práctica como pocos y sabía que los problemas eran para solucionarlos.

Él no esperaba esa pregunta, pero no dejó que el cambio de planes arruinara el momento. Descartó el largo discurso preparado y respondió como si el asunto no fuera gran cosa:

― Pues casarnos, claro.

En realidad, él le tenía pavor al matrimonio, pero era un temerario.

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