Vete

Malas Historias
Colección de relatos inspirada en los disparadores literarios que propone la Agenda Creativa 2016 de Indigo Crea.

 


No me gusta decir que tengo mala suerte, pero no sé como más explicar el haber estado atrapado durante toda mi vida. Encerrado en Las Cuevas, como todos, pero también encerrado de forma especial, por ser diferente. Antes, en la burbuja que no podría protegerme para siempre. Ahora, en la habitación que mi familia ha convertido en una celda por el bien de todos.

Ellos creen que se cuidan de mí. Creen que yo causé esas muertes, porque es así como funcionan las personas normales: hacen que ocurran cosas. Yo no; no soy como los otros, no puedo provocar nada con mi voluntad. Creen que lo hago por accidente, que no es mi culpa pero debo ser controlado, alejado del mundo.  Eso de encerrar personas es nuevo por aquí, así que se limitaron a enviarme a mi habitación y sellar las salidas. Hacen que la comida aparezca aquí a las horas usuales y aunque me aburro todo el día, estoy mucho mejor así.

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Otra de esas parejas sin futuro

Consigna de Adictos a la escritura.
Palabra: Quisicosa

Mientras la mesera se marcha a tomar la orden en la mesa cercana, mi cita se oculta detrás del menú. Mal finge, considerando que ya pedimos un café para cada uno. Exactamente lo que tomamos en la cita anterior.

Ahora que lo pienso, estamos en el mismo lugar… supongo que viene tanto que incluso tiene mesa favorita.

Hay que admitir que Ángel es un muchacho lleno de manías, pero nada demasiado obsesivo. Si el único problema con él es que no puede hablar sin enredarlo a uno con un sin fin de quisicosas y hasta palabras que con toda seguridad no existen. Y no es normal que un muchacho que sabe tantas cosas, destruya tan fácilmente su idioma.

Él tiene muchas cualidades que me gustan.

No es uno de esos sujetos que piensan con la testosterona y hablan con los puños. Nunca lo he visto entrar en cólera y cuando se ve metido en una pelea suele ganar sin dar un sólo golpe. Por cierto que de esas peleas, siempre la causa es que el otro sea un imbécil y lo ataque por nada, y la única ocasión en que lo he visto meterse a pelear, fue defendiéndonos a mi hermano y a mí cuando recién llegábamos y esos vagos habían decidido tomarla en nuestra contra.

Mientras más lo veo, dando vueltas al menú sin más necesidad que la de no verme a los ojos, más me doy cuenta de que ya no interesan los motivos por los que lo amo.

―A ver, ¿cuál es la mala noticia? ―digo, por más que tenga miedo a la respuesta.

Él suspira y deja en paz el menú. Me mira fijamente y puedo notar que le toma trabajo decidirse a hablar.

―No eres tú ―dice con voz muy clara, sin explicarme más.

Quiero decir que no entiendo de que habla, lo cual viene a ser verdad muy a menudo, pero no ahora. Qué él no esté siendo claro, conforme a su costumbre, no significa que yo no sepa de que habla. Siento leves deseos de llorar. Pero debo reponerme y salir de esta como si nada.

―Perdón por dejarte creer que eras tú. Fue tu culpa porque eres maravillosa. Creí que podías serlo, ¿entiendes?

―¿Ah sí? ―no creo que lo entienda― ¿Y ahora que es diferente?

Lo veo fruncir el ceño, pensando para mentir o para comprenderse a sí mismo, no lo sé a ciencia cierta.

―Pues que ya lo… pensé. Y no tenemos futuro ―dice, con voz de culpa mientras desliza su mano izquierda por el borde de la mesa.

No tenemos futuro porque él se está corriendo. Eso pienso, pero no viene al caso que lo diga.

―Supongo que no vas a ser más claro que eso. Nunca lo eres.

Y no me tardo nada en tomar mi bolso y ponerme de pie para marcharme.

Antes de que yo empiece a caminar, él dice una cosa más. La más rara que me ha dicho en lo poco que lo he tratado.

―Es mejor ahora, y no cuando nos hayamos acostumbrado a estar juntos. Es desagradable tener que repartirnos una vida.

Le dedico la última mirada confusa y me voy, sin preguntarme como se siente él que acaba de sonar tan triste.

Fue bueno mientras duró, pero no fue ni un instante…él se enamoró de mí y vio que no teníamos futuro en el transcurso de cuatro días y unas pocas horas. Y pensar que se miraba tan maduro.

Nuevo futuro

Cául, mi segunda madre, que a diferencia de las otras era muy jovencita, decía que mi don era bueno para contar historias o para sorprender a la gente, si lo hacía bien. Pero todos los demás creían que mi habilidad nos iba a hacer muy ricos y poderosos… Yo siempre tuve miedo de acabar justo aquí: en el cadalzo. Y no es que lo hubiera visto en mi futuro.

Cául pensó siempre que el futuro está escrito y que todos los esfuerzos por cambiarlo sirven sólo para retrasarlo o modificar la ruta que tarde o temprano llevará al mismo destino. Una forma de pensar qué no tiene demasiado sentido, porque la ruta en sí es parte del futuro.

No es fácil ver en dónde acaba el presente y comienza el porvenir… no cuando se conoce de antemano.
Como toda segunda madre, Cául me dejó cuando entré a la juventud y abandoné la infancia, más pronto de lo normal porque tuve que aprender cosas de mayores para entender tanto futuro.

Olvidé que una vez creí sus enseñanzas, y tal vez sea mejor, porque el futuro nunca fue uno, jamás estaba preescrito. La última duda al respecto se despejó cuando conocí a la joven que se convertiría en mi pareja y me confundí de saludo. Que la tratara con tal familiaridad, la hizo indignarse y me trajo su mala voluntad. Nunca llegamos a relacionarnos, menos aún a firmar el contrato.

Y en el otro extremo, como si fuera necesario para compensar los futuros que se pierden, otros solo cambian de forma. Como el golpe del mazo que evadí ayer, sólo para estrellame contra un árbol con los mismos resultados que si no me hubiera apartado.

Me desperté en una jaula de madera, donde pude lamentarme largo rato por ese absurdo incidente en el que me vi envuelto.

Por un error tuve que huir durante horas tras las cuales me vi con la soga al cuello… en un sentido demasiado literal para mi gusto.

Ese incidente, ese error del que les hablo, se debió a que me dejé convencer por mi familia con esa locura de que yo haría cosas grandes, nobles, memorables.

Cuando supe que el viejo puente se colapsaría cuando la comitiva del Gran Guía pasara sobre él, intenté explicarles que debían detenerse. Pero la gente no entiende nunca, y yo tomé una medida desesperada, cuyo resultado no vi hasta que estaba ocurriendo.

Destruí el puente con ayuda de una miserable antorcha. La comitiva se detuvo. Investigaron. Y se me condenó por atentar contra el Gran Guía, dañar directamente a la civilización y simpatizar con los salvajes.

¡Qué situación!

Ahora, de la nada, aparecen estas personas que no he visto; reclaman mis servicios de inmediato y como La Sociedad de Mundos Libres sólo pide y obtiene, debo partir con ellos.

¡No es que me queje! Si puede que sea mejor que la horca. Sólo estoy un poco confundido. Muy confundido.
Veo un futuro prometedor, y tengo miedo de que se le ocurra cambiar una vez más. A veces me gustaría no saber.