La primera flor de junio

Proyecto de Adictos a la escritura: Especial terrorífico.
Noviembre, 2010

 

Desde los doce años, Nell había soñado con su boda. El sueño se había convertido en pesadilla ese primero de junio y, ahora, estaba sola, sentada en la banqueta con lágrimas en los ojos y sangre en el traje de novia.

Todo había comenzado —en un sentido más o menos exacto— en la infancia de Nell, cuando su madre había muerto. Su padre la envió al psicólogo regularmente durante años. Ahí conoció a Javier y se hicieron amigos con facilidad. Unos años después, querían casarse.

Con la bendición de su padre, Nell viajó a la ciudad natal de Javier para el matrimonio. Le parecía adorable que la familia de él quisiera ocuparse de preparar la boda. En cambio él estaba preocupado. Ya estaban cerca del pueblo cuando confesó el motivo de su angustia: sus padres tenían un concepto poco agradable del término “familia”, basado principalmente en el machismo. Según el psicólogo, una de las razones por las que había desarrollado un transtorno de personalidad múltiple era que su carácter gentil se salía completamente de los parámetros impuestos por su padre.

Nell, sin preocuparse más de lo necesario, le preguntó por qué estaban viajando hacia ese lugar si su familia era tan problemática.

—Es que no es fácil decirle que no a mi padre —respondió él—. Además, no es buena idea. Seguro acabaría destruyendo nuestra relación o algo así. En cambio, una vez que me case, me dejará vivir mi vida… sólo debo hacer esto bajo sus términos…

—Entonces, no hay problema —dijo la joven.

Pero lo había: la familia esperaba ver a una novia sin voz preparada para convertirse en la esposa sumisa de Javier. Nell meditó un momento antes de brindar una solución sencilla: fingirían. A Javier le pareció buena idea, ya que sabía que Nell era muy buena actuando. Por ejemplo, había convencido al psicólogo de estar haciendo las paces consigo misma para no tener que seguir visitándolo, cuando en realidad ella no sentía ninguna preocupación, culpa o miedo. El médico sólo había sido útil cuando le recomendó que hiciera alguna manualidad cuando sintiera deseos de lastimar a alguien. Ella consideró que si hacía algo así pensando en alguien, lo correcto era entregarselo a la persona, así que casi todos sus conocidos recibían flores de papel de cuando en cuando. Claro que Javier nunca había recibido algo así.

Todo iba de maravilla, si no tomaba en cuenta que su padre había llamado para avisar que, por asuntos del trabajo, no llegaría a tiempo para la boda. Después de hacer una flor de papel para el jefe de su padre, Nell aceptó la situación sin entristecerse.

Javier había estado representando su personaje demasiado bien, pero Nell estaba muy divertida engañando a la familia —eso no significaba que no les hubiera ofrecido flores de papel cada vez que le decían que una señorita se ve mejor calladita— así que no se dio cuenta de ese detalle hasta el mismo día de la boda.

—¿No lo sabías? —las palabras pronunciadas por su futura suegra fueron las causantes del caos—. Cuando se hayan casado vivirán con nosotros.

Javier lo confirmó, sin entusiasmo pero sin fingir. Luego, a solas, le explicó a su prometida que no podía negarse a una instrucción emitida por su padre y Nell comprendió que todo el dinero que él había gastado en el psicólogo había caído en saco roto.

No podía casarse para ser infeliz.

Tomó la decisión más evidente: no habría flores de papel esta vez.

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Ahora estaba ahí, sola.

No lo entendía. ¿Por qué ya no quería casarse con ella? ¿Tanto le afectaba haber vuelto a verlos que no podía entender la necesidad de matarlos? Él debía agradecérselo, pero lucía tan asustado…

Se levantó y cruzó la calle para comprar papel y hacerle una flor a Javier.

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Cuando su familia no estaba, Javier sabía quien era.

Y si se lo preguntan: no, ella no aparece en historias de fantasmas; está vivita y coleando… y buscando un joven agradable a quien unir su vida, para protegerlo y hacerlo feliz.

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A veces las cosas se terminan.
“A veces”, que en nuestro mundo quiere decir “tarde o temprano”. Se terminan los libros, las conversaciones largas, las exposiciones y las fiestas. Para el conocimiento, cuyo límite no conocemos, cualquier asignatura carece de significado porque también los cursos se terminan.
Lo divino prosigue, lo humano tiene fin. Y lo que queda, los legados, lo que cambia la ruta de una vida, se convierte en roca desgastada por el clima, devorada por el bosque, y malinterpretada por el futuro.
Todo llega a su fin, como ahora lo hacen estas líneas.

Un observador más

Está viendo lo que ha sido, de una forma u otra, durante la tragicomedia que es la vida.

Ahora se descubre diferente.

Lentamente se va dando cuenta de que en cada segundo que ha pasado, ha tenido que negarse a si mismo. Ha fingido.

La vida se mueve a su alrededor y él solamente observa. Pero ahora es distinto, porque ahora lo sabe: él vive al observar.

Y tiene sentimientos y un alma que observa a través de su mirada, y que no está conforme con esto que se ve obligado a presenciar. El mundo podría caerse, y tú estúpido mortal no te das cuenta de que no eres el simple observador que finges ser.

¿Que es más sencillo?¡Pues claro que lo es! Pero solo el esfuerzo rinde frutos.

No saldrás lastimado mientras te mantengas tras la lente. Ahí escondido, es como si la realidad no estuviera pasando. La miras desde fuera y te consuelas diciendo que no te corresponde. Pues, ¡despierta!: la realidad es una y la compartimos todos, te guste o no dependes de ella y ella depende un poquito de ti.

Anda, no tengas miedo. Hay cosas terribles allá afuera, y las has visto, casi todas, al menos. Es cierto que las hay. Y ahí se quedarán, mientras tú y el resto de nosotros soportamos. Tú ahí en el cuarto oscuro, yo aquí en la biblioteca. Un tercero en el cine. Demasiadas personas preocupadas por el partido de fútbol. Todos lo soportamos.

Y el mundo se derrumba.

Minientrada

No te atrevas a matar el presente, porque dura muy poco. No lo dejes marcharse mientras piensas en el pasado que no puedes cambiar. Pero sobre todo, no lo ignores pensando en el futuro, date cuenta que el futuro depende del ahora; si el futuro te preocupa tanto, ocúpate del presente.