Minientrada

Es sencillo, en verdad,
iniciar una guerra.

Desecha la opinión de tu interlocutor,
ignora su dolor,
y te estarás buscando una pelea.

Demanda sin saber si el otro puede
o niega sin pensar más que en ti mismo;
¿lo tienes?
Pues, perfecto, también tienes un pleito.

Ve la paja en el ojo de tu hermano
y niega la existencia de una viga en el tuyo
para que las discusiones no terminen.

Como dije, es sencillo,
empezar un conflicto.

Por la luz, por la noche;
en nombre de la paz.
Basta con decir “yo”
una vez y otra más,
y pensar en ganar

en lugar de entender.


 

Ejercicio: Receta para una discusión

La mejor defensa

Malas Historias
Colección de relatos inspirada en los disparadores literarios que propone la Agenda Creativa 2016 de Indigo Crea.

 


Érase una vez, un ratoncito que vivía feliz en el campo, rodeado de casas habitadas por personas ocupadas pero con más comida de la que podían consumir. Eran personas que odiaban a las alimañas y no se medían a la hora de comprar trampas, pero el pequeño roedor no se preocupaba, porque no había trampas en el basurero exterior, donde él tomaba sus banquetes en silencio.
Un día desafortunado, llegó un nuevo vecino a la región, un gato rayado de andar elegante, voz dulce y muy corta edad. El minino había hecho un viaje bastante largo y tenía hambre, así que persiguió al ratoncillo desde que llegó.

Después de huir y ocultarse por dos días, el perseguido decidió que debía deshacerse de aquella amenaza, así que lo tentó a perseguirlo y lo guió hasta las casas, con sus jardines llenos de trampas y, en ese día de la semana, de personas.

No ocurrió ninguna de las tragedias que él había decidido cargar en su conciencia, pero el gato perdió interés en su víctima después de un rato de que los niños acariciaran sus orejas y le ofrecieran golosinas.

El nuevo vecino jamás se marchó, pero sus amigos humanos le daban tanta comida, que el ratoncito no tuvo que volver a preocuparse por la posibilidad de convertirse en la cena.

 

Moraleja: a menudo olvidamos que nuestros supuestos enemigos pueden cambiar su actitud una vez que tienen la panza llena y un poco de cariño.

Distante

Malas Historias
Colección de relatos inspirada en los disparadores literarios que propone la Agenda Creativa 2016 de Indigo Crea.

 


Es medianoche. Melinda quiere bailar un vals y su ignoto hermano gemelo le ofrece la mano como invitación.

—¿Debería tener miedo? —pregunta la adolescente, mientras asumen la posición inicial.

—Hay un par de posibilidades bastante aterradoras —responde él, y hoy su voz es grave por primera vez—, pero no ganas nada con asustarte en éste momento.

—Sin miedo, entonces.

La música es la voz distante de personas ocupadas y un constante bip bip bip, que a veces pierde el ritmo. Pero es un vals perfecto para ellos.

—¿Puedes decidir eso, Mels? —la curiosidad de su hermano es auténtica.

—Aquí sí. ¿Tú no?

Sus rizos negros se sacuden cuando él niega con la cabeza.

—Yo estoy muy asustado ahora.

La luz es brillante pero no ayuda a ver bien, sólo opaca las estrellas. Es imposible definir de donde proviene y cuál es su propósito.

—¿Y tú por qué?

—Si todo sale como ellos quieren, no vendrás más por aquí.

El bip se acelera y desaparece antes de regresar con mejor ritmo.

—Vendré, tarde o temprano. O me quedaré.

—Que no te asuste. Cuando tengas la experiencia completa te gustara. Preocúpate de que hagan algo tonto y no puedas sentir los dedos ni quedarte aquí.

—Lo sé. Y a veces pienso en quedarme. Pero, nuestra familia…

—Todo a su tiempo, hermanita.

Las luces se apagan.

—Oh… Buena  suerte allá…

Apenas puede oír esa última palabra y lo demás llega como un susurro demasiado lejano como para entenderlo, pero aún puede sentir las manos de su hermano sujetando las de ella,

—Gracias, hermanito… Volveré de un modo u otro. Y… Lamento lo del cordón umbilical.

Quizá no alcanzó a oírla, ahora él ha desaparecido, desaparece todo… Oh, sí hay una luz, y personas con batas…

—Algo está mal..

—Está despierta.

Las personas en batas intercambian frases y alguien resuelve el problema que había surgido con la anestesia.

 

Un pobre como cualquier otro

A veces resulta un poco abrumador que la gente me agradezca efusivamente en lugar de pronunciar un saludo apresurado. No los reconozco a todos, pero la historia es siempre la misma: tenían hambre y frío, sus semejantes los miraban con desprecio o pesar, les dejaban reproches o monedas de esas que ya casi no valen; pero la fundación que manejo con solo cinco empleados, les dio mas que monedas, les dio un nuevo comienzo.

Me alegra mucho encontrar otra víctima de sus decisiones o de las circunstancias, tomarle algunas fotos, organizar la campaña… Todo el trámite para poder levantar a este ser humano en desgracia. Y siento profunda tristeza cuando veo que uno de ellos desperdició también esta oportunidad.

Donde mis emociones no están claras, es con todo ese agradecimiento. Y sonrío, aseguro que sólo pretendo ayudar o les recuerdo que algún día ellos encontraran a alguien que necesite su ayuda. Doy discursos en la televisión, respondo lo que mejor sonará en las entrevistas.

Pero me siento extraño.

Una voz en lo mas profundo me dice que confiese.

Pero, ¿qué sería entonces de la fundación y de esos cinco empleados? ¿Que sería de la gente a la que aún no hemos ayudado? ¿Que sería de mí y de mi familia?

En realidad, no le hago daño a nadie. Es cierto que saco mi parte, pero ayudarme a mi mismo no es un delito, o no debería serlo.

No es que les robe a las personas sin hogar. Para nada, no. Si les doy una mano, más bien, al tomar sus problemas y convertirlos en una fuente de ingresos. Y sí, claro, me alimento y cobijo a mí mismo, quizá mi casa sea un poco… bastante mas grande y elegante que las que hemos obsequiado en la fundación, y mi auto es lo bastante lujoso para dar de qué hablar a mis detractores.
¿Pero que han hecho ellos? ¡Nada!
Yo le ayudo a los pobres, les doy oportunidades para ponerse en pie, y cuando organicé todo esto, cuando determiné el uso que se daría a cada tipo de donaciones, yo no era ni más ni menos que uno de esos pobres; siempre supe que debía cambiar un poco la estructura cuando tuviera lo que necesitaba, y lo haré, lo haré.

Es sólo que todavía necesito más.

Destinatarios

Malas Historias
Colección de relatos inspirada en los disparadores literarios que propone la Agenda Creativa 2016 de Indigo Crea.

 


Existen los pobres que apasionados por la cultura o la belleza, los millonarios que se las dan de cultos, y los coleccionistas de arte completos. Hay artistas, compradores, vendedores e imitadores.
También está Rey, claro, pero ¿qué diablos es Rey?
Rey nunca vendió un cuadro, ninguna galería exhibió nada suyo. Pero las dos pinturas que en la vida ha hecho son hermosas. Sabe mucho sobre arte, pero sólo cuando se trata de entender un mensaje o psicoanalizar al autor en “esa etapa de su vida”; de técnica no entiende una palabra, por eso no culpa a los que no le creen que esos dos tesoros en la pared son obra suya.

Ha comprado un centenar de cuadros, elegidos con rigurosos y complejos criterios. Por supuesto que no tiene donde guardar un centenar de pinturas (ni podría comprar tantas; aún cuando no son las más costosas, tampoco son baratijas), solo tiene esa pared en el fondo de su sala. Y sí, el del centro es un original… Los otros dos también, son los suyos, lo vimos pintarlos, le tomó años. Esos no los vendió, pero sí cada pieza que ha comprado…

—¿Vas a conservar ésta? —le pregunto, señalando con la mirada el retrato en el centro de su muro.

—No para siempre, espero.

No me sorprende.

—Pero es hermosa —comento, aunque todas han sido hermosas a su manera.

—Lo es —admite rápidamente, con una sonrisa y tono de sorpresa—. Por eso debo encontrarlo.

—¿Encontrar qué? —nunca habíamos hablado sobre esto, ni siquiera estoy segura de cuál es el tema del que hablamos.

—¿No lo sabes?

Niego con la cabeza, desconcertada. ¿Es que debería saberlo?

—A su destinatario. Cada pintura, cada canción, cada edificio del mundo, todo es un mensaje. Y uno de estos días encontraré a una persona que pueda entender éste.

¿Por eso vendió unos a tan buen precio y otros prácticamente loa regaló?, ¿porque se los ofrecía a quienes los valoraban más? Ya veo.

Al parecer mi hermano mayor es un buscador de destinatarios, no de cuadros.

Última y primera

Malas Historias
Colección de relatos inspirada en los disparadores literarios que propone la Agenda Creativa 2016 de Indigo Crea.

 


 

No hay nada de inocente en el timbrar de un teléfono público.

No cuando él teléfono en cuestión está casi completamente solo; no con todas esas historias de terror.

Pero Helena se acerca de todas formas, porque el sonido no cesa y quizá alguien del otro lado necesita que le expliquen que es el número equivocado o que se fue la persona a la que busca.

Levanta el auricular, abre la boca para explicar, y se queda de piedra cuando una voz esperanzada al otro lado de la linea busca verificar:

—¿Helena Ramos?

—Este es un teléfono público… —Intenta evadir la pregunta, quien sea esa persona ella no lo conoce.

—Lo sé. Pero… ¿Eres Helena, en enero del 2001? O, quizá… ¿Preguntas a la gente? Revisé los cálculos un millón de veces, debe estar ahí ahora…

No supo más. Que la vigilara un extraño daba miedo, y ella no jugaría ese juego, así que colgó y siguió con su camino… directo al cruce donde un camioncito repartidor de golosinas no vio ni la luz roja ni a la mujer que aprovechaba su turno de pasar.

Fue la última llamada para ella.

Era la primera para el operador de Cambiando Pasados S.A., que nunca olvidaría aquel fracaso inicial.

Rencor

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Colección de relatos inspirada en los disparadores literarios que propone la Agenda Creativa 2016 de Indigo Crea.

 


 

Algo no estaba bien con la ventana del navegador. Si la minimizaba, todo iba bien, pero mientras estaba activa, había una franja de colores chispeantes en un punto o en otro. No era la primera vez y no se le ocurría como podía ser posible que el único problema fuera el navegador.

Ya no sabía a quien debía preguntarle. “El muchacho ese, el técnico”, recomendarían sus compañeros y su jefe. Y ahora que tenía que admitir que esa era la única opción…. Decidió resignarse al arcoiris aleatorio que se interponía entre él y su información.

No es que odiara al muchacho, ni le intimidaba la excesiva amabilidad con que siempre lo trataba. Sólo…. No le gustaba la situación, siempre sentía que estaba atado de manos.

Era insoportable no poder insultarlo con una mirada despectiva sin sentirse culpable.

Ni hablar de literalmente insultarlo con el apellido equivocado.

El maldito tipo era todo miradas tristes y falsos “No, no te preocupes”; ¡Ni siquiera se disgustaba con él! Y, ¿cono había pasado eso? ¿Desde cuando era el malo? ¡Si había sido el otro el que había dejado caer su taza de la suerte directo a un fatal desenlace!

Del otro lado de la cerca

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Colección de relatos inspirada en los disparadores literarios que propone la Agenda Creativa 2016 de Indigo Crea.

 


 

Siempre es soleado del otro lado de la cerca.
Tibio y lleno de luz.

Ellos salen cada mañana a regar el jardín o tomar el sol. Llevan ropa muy fresca pero siempre parecen estar acalorados.

Juegan fuera y terminan jadeando. Algunos se sacan sus camisetas empapadas en sudor a la mitad de un encuentro deportivo o mientras asan carne al aire libre. Tienen una piscina y muchos visitantes.

Sus nubes son algodón disperso en un cielo brillante y la noche cae relativamente tarde, para dar lugar a las fiestas y los fuegos artificiales.

A veces me entretengo observando sus actividades de exterior. Incluso he descubierto que algunas podrían divertirme. Y nada impide que tome busque ropa de verano en mi armario, que abra la puerta del frente y mi paraguas, y que cruce a saltitos mi jardín y sus charcas, hasta llegar a la calle principal, rodear su cerca y unirme a su mundo soleado.

Lo hice un par de veces, y las disfruté, claro. Pero no me quedé. Siempre vuelvo a mi chubasco sempiterno y dejo que las nubes grises me cobijen. Es que me gusta el sol, pero no tanto como el olor de la tierra mojada, el canto de la lluvia y una tarde muy fresca, aunque sea un poco oscura.

Nostalgia

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Colección de relatos inspirada en los disparadores literarios que propone la Agenda Creativa 2016 de Indigo Crea.

 


El mundo cambia a diario. Las tecnologías complican una actividad para simplificar otra; los gobiernos caen y las sociedades evolucionan.
Pero, al pie de la montaña Flaviado y en lo lindes del río Escarpado, existe una pequeña villa que no había cambiado desde el día en que sus veintiséis fundadores hicieron las primeras casitas que aún hoy se alzan sobre sus columnas parcialmente sumergidas.
En aquel entonces, las columnas permanecían secas en verano y prácticamente desaparecían cuando crecía el rio. Pero en aquel entonces el Escarpado tenía otro nombre y era más caprichoso.
Fue el cambio del rio lo que cambió las actividades de la aldea.
Después de lo que parecía una eternidad de pescar para subsistir, ahora todos se dedican a vender piedra y cosechar arroz. Solo el anciano aquel, con su atarraya, sigue intentando sacar peces del muerto caudal del que fuera el rio Maxo.
A pesar de los cambios en sus tareas, y de que tuvieron que hacer nuevas herramientas y desarrollar nuevas destrezas, estas personas siguen teniendo los mismos valores de siempre, y mantienen sus vidas sencillas y sus conversaciones animadas. Sus tradiciones permanecen aunque las comidas y el calendario han cambiado de forma radical.
En cambio, el último pescador nunca volvió a cenar a la mesa con sus hermanos. No participa del festival. No es el que antes era. A pesar de lo mucho que se esfuerza por seguir en aquellos días de antes, cuando volvía a casa muy alegre con Raúl, Miranda y Javier, más temprano que cualquiera del pueblo. Siempre fueron los primeros en levantarse para ir de pesca.
Hoy, es sólo él, haciendo lo imposible por seguir en donde siempre estuvo y ser quien siempre fue. Una vez cambio sus hábitos. Una sola vez se fue con los vecinos en lugar de acompañar a sus hermanos.
Se despertó, igual que todos, demasiado temprano. Por un segundo no supo que era lo que pasaba. Todavía estaba oscuro. Pero había un sonido muy extraño retumbando por el valle. Sintió curiosidad, como muchos otros. Pero sabía que debía levantarse muy pronto, así que se reacomodó en su cama y volvió a dormir, solo para despertar después, cuando el estruendo se volvió más fuerte.
Decidieron levantarse de una vez, si de todas formas no podrían descansar.
El estruendo venía del río, pero sólo uno de los cuatro hermanos decidió que era mejor ir rio arriba, investigar un poco, a pesar de que los peces desbordaban las redes.
Él se fue, se reunió con otros curiosos, se dejó arrastrar por ellos cuando llegó el momento de correr o morir.
Sus hermanos fueron sepultados por la corriente de roca.
Su cordura se hundió en la culpa y la nostalgia.
Ahora lanza una atarraya entre las piedras que ocuparon el antiguo cauce del rio, mientras el mundo avanza sin explicaciones hacia su gloria o hacia su destrucción.
La villa, en cambio, mantiene la paz mental adaptándose a las actividades pero no a los principios de un planeta que gira.

 

Vacío

Malas Historias
Colección de relatos inspirada en los disparadores literarios que propone la Agenda Creativa 2016 de Indigo Crea.

 


Tenía unos enormes ojos en sus alas. Parecía el rostro de un búho. Quizá en el lugar y momento correctos esa ilusión la hubiera mantenido a salvo, pero nada vale contra la ira de un humano frente a un invasor.
Miranda se sacó la chancleta del pie izquierdo y preparó el golpe con lentitud. La gran mariposa oscura aleteó una sola vez, antes de que… Sigue leyendo