Más vale tarde que nunca

Proyecto de Adictos a la escritura: Amiga invisible.
Agosto 2010

Estaba sóla como la honestidad. La gente pasaba sin mirarla, como si de una causa justa se tratase. Pero ella no era ni una cosa ni la otra. Era sólo una mujer joven con el alma envejecida.La había encontrado tarde, pero la reconoció de inmediato. Tuvo miedo pero lo enfrentó y salió victorioso, listo para besar a la bella durmiente, ponerle su zapatilla a cenicienta, o ser tratado como rana común antes de obtener el añorado beso. Pero aquello no era un cuento de hadas, era el agotador mundo real.La gran aventura que había enfrentado para buscarla, era una vida cotidiana con dolores de muelas, exámenes finales y cuentas vencidas. En medio de todo eso, no había tenido tiempo de buscar en cada par de ojos femeninos la mirada de ella. Aún así, una vida después, la había encontrado. No cabía duda: se trataba de ella.Pero ella se negó a tomar su mano.

“No queda nada”, dijo, “Yo te busqué. Yo creía ciegamente en que estabas ahí, en alguna parte. Pero… nunca llegaste. Yo estaba desesperada por amar y ser amada, y creía que el amor sería la felicidad. Como no apareciste, intenté reemplazarte. Intenté amar a alguien parecido. Pero no podía amar, así que seguía entregando mi alma a pedazos porque no tenía sentimientos que entregar. Uno trás otro juraron cuidar de esas piezas de alma. Unos las perdieron y otros las destruyeron. Y ahora, ya no hay nada. No hay un alma en mi cuerpo para crear amor. Yo estoy muerta, y tú, sólo.”

Él no había tenido amor para dar nunca. No sabía de donde provenía, y su alma estaba olvidada en algún sitio, pero ahora quería buscar a su alma y a su amor. Porque ahora tenía algo que hacer con ellas.

“No me importa. Me quedaré contigo. No he venido a pedirte nada.”

Estaban sentados en los escalones de un edificio que tenía las paredes viejas y sucias, llenas de afiches de políticos farsantes. Y aquello parecía un lugar hermoso y familiar.

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