Reinvención

Malas Historias
Colección de relatos inspirada en los disparadores literarios que propone la Agenda Creativa 2016 de Indigo Crea.

 


 

Al asesinarlo quedó libre para no matar nunca más.

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Muerte en otoño

Proyecto de Adictos a la escritura: Escritura sorpresa.
Enero 2014
Género oculto: Terror

Género oculto: Terror

Siempre lo supe: aquello que realmente debemos temer llega durante el día. Los verdaderos monstruos sí duermen. Duermen, y sueñan. Los seres más temibles sueñan con gigantescos edificios y escriben palabras dulces en papelde colores.

Cuando llegaron, mientras las hojas secas comenzaban a caer al suelo, muchos pensaron que eran inofensivos. ¿Por qué iban a dudarlo? Tenían un par de ojos humanos, un par de piernas humanas, manos con cinco dedos y una sola boca sin colmillos de fiera, lenguas bífidas o veneno letal.

Aunque la mayoría de los locales prefirió mantener la distancia, otros fueron curiosos. Los más intrépidos intentaron comunicarse con ellos. No teníamos los medios para comprender que no eran como nosotros. Y sin embargo, había algo sobre ellos… algo que no podíamos describir, ni comprender, pero que tampoco podíamos obviar. Algunos vimos el peligro aún antes de que comenzara el canto de la muerte.

Esa tonada suya, ese rugido, cesa un par de veces en el día. O al menos eso creo. Es difícil medir el tiempo desde que ellos vinieron. La última hoja de otoño ya está por caer, y yo juraría que el sol ha salido por el este sólo una pocas veces desde que llegaron.

Los que pudieron huir, lo hicieron. Unos desde el inicio, otros mucho más tarde, cuando las vidas ya habían comenzado a extinguirse por montones. Por supuesto que se fueron. No había forma de proteger sus hogares, enfrentar a los enemigos o siquiera esconderse.

Yo me quedé.

Yo no podía irme.

¿Qué puede hacer un viejo inmóvil cuando la muerte se cierne sobre él?

Justo aquí, presencié la caída de todos mis amigos, que entre quejidos perdieron la vida como lo haría yo tarde o temprano.

Quizá para muchos la certeza era una especie de consuelo. No había nada más por lo cual preocuparse, porque la muerte los abrazaría de cualquier modo. Sólo podíamos abrazarla también. Pero… Esto sonará absurdo, puesto que hablo de algo inevitable, sin embargo confieso que yo no quería morir.

Yo hubiera querido defenderme. Hubiera querido, por lo menos, sólo esta vez, lo que nunca anhelé: hubiera querido moverme.

Pero no puedo y me ha llegado el turno. La noche casi llega, y aún así con la última luz del día ellos me eligen. El brazo postizo del monstruo me alcanza y me muerde. Es un brazo que muerde. Estos monstruos son realmente espantosos. Tienen un brazo extra que te arranca trocitos en mordidas muy pero muy pequeñas y, cuando quieres darte cuenta, caes hecho cadaver.

Pero ahí no termina su maldad.

Todos hemos oído cómo sigue: cuando yo haya caído, me arrastrarán lejos de aquí, y si tengo la suerte de que no me lancen a las llamas, será porque su propósito es aún más humillante. ¿Exhibirán mi cadaver en sus salas, como parte de un mueble? ¿O lo van a triturar y terminaré siendo papel para poesía?