Reinvención

Malas Historias
Colección de relatos inspirada en los disparadores literarios que propone la Agenda Creativa 2016 de Indigo Crea.

 


 

Al asesinarlo quedó libre para no matar nunca más.

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Un sólo inconveniente

Malas Historias
Colección de relatos inspirada en los disparadores literarios que propone la Agenda Creativa 2016 de Indigo Crea.

 


 

Había muchas teorías sobre cómo fue asesinada, ¿saben? Ninguna fue demostrada y, un siglo más tarde, el misterio había sido olvidado a pesar de todo el dramatismo que se diera al asunto en su momento. La comunidad lo dejó atrás con dificultad; sus padres fallecieron, ya ancianos, con aquella carga todavía sobre sus hombros. Y la vida siguió su curso.

No escuché sobre ella hasta que… bueno, hasta que la escuché a ella. Pobre muchacha. Debió ser muy difícil todo ese tiempo en… cautiverio. Sigue leyendo

Un hombre bueno

Consigna de Adictos a la escritura
Palabra: impureza

Macario era un hombre bueno.

Pagaba sus impuestos, le daba comida a los mendigos, le cedía el paso a los vehículos de emergencia, reciclaba y nunca le había sido infiel a su esposa. Jamás en la vida hubiera hecho mal a otros. Cierto que no le bridaba su apoyo a la gente que obraba de forma incorrecta, pero es que no existen franjas grises, o se es bueno o se es malo y los que deciden lo segundo deben soportar las consecuencias. Votó sí cuando se realizó la consulta general en su país para la imposición de la pena de muerte.

No podía creer que justo él hubiera tenido que sufrir aquel evento que le había llenado de impureza en cuestión de segundos, y no sabía lo que debía hacer ahora.

Esa mañana había desayunado mientras leía en el periódico la aberrante noticia de que Lucas Moreno había sido puesto en libertad. “Pero si mató a un hombre”, había dicho, disgustado, “Lo hubieran tenido que ejecutar y lo sacaron en cinco años”. El muchacho había perdido a sus padres en un incendio causado por una instalación eléctrica defectuosa en su edificio que había sido reportada y nunca arreglada, y al no tener donde vivir ni que comer, el muchacho había ido a robar una tienda con el resultado de un cliente muerto, un empleado herido y muchos daños materiales. Pero era un muchacho y había confesado…

Era molesto, para un hombre bueno como Macario, que se perdonara a un asesino.

Y aún así, había seguido su día, sabiendo que convivía con gente mala en todas partes. No sabía porque los delincuentes tenían que forman parte de la vida de la gente decente. Esa mañana había pensado mucho en eso. En el tren, en la oficina, en la cafetería durante el almuerzo… Y ahora… Era como si hubiera sabido lo que iba a ocurrir.

En el camino de regreso había hablado con una compañera sobre Moreno y su liberación. Ella dijo que él había sufrido bastante ya y no necesitaba más castigo. Pero él había insistido en que un asesino es un animal y que seguro no tenía nada en el pecho.

Y luego había bajado del tren y había caminado hacia su casa, pensando en lo tonta que era la gente. ¿Por qué insistían en defender a esos individuos que nada bueno aportaban a la sociedad? En la esquina de siempre vio a la niña que ya sabía que la bolsa que él llevaba tenía comida para ella y su hermanito.
El día estuvo completo al entregarle el almuerzo a la niña, y no esperaba ninguna novedad en las dos cuadras que le quedaban.

Y entonces, vio la tercera cosa más insólita que él hubiera podido imaginar: su vecina se había hartado del esposo que siempre andaba con otras mujeres, y estaba sacando “toda su basura” de la casa, mientras el marido gritaba amenazas y súplicas revueltas, siguiendola de cerca pero sin detenerla.

“Mi amor, eso no”, suplicó el infiel, dentro de la casa pero audible desde el exterior, un instante antes de que ocurriera la segunda cosa más insolita de la lista de Macario: la mujer aventó el televisor desde una puerta sin balcón que había en la segunda planta.

Macario se encogió tontamente sobre sí mismo en lugar de apartarse, luciendo sumamente ridículo durante una fracción de segundo, hasta que ocurrió la cosa más absurda, rara e imposible según Macario: un hombre lo apartó salvándole la vida, y cuando el lo miró dispuesto a darle las gracias, descubrió con horror que su rostro era el que había visto en la noticia de Moreno.

Un asesino le había salvado la vida. ¿Qué mancha más grande puede adquirir un hombre sin habérselo propuesto? La niña en la esquina almorzaría al dia siguiente porque un joven asesino estaba ahí cuando ocurrió todo aquello. ¿Podía existir ironía mayor?

Mientras su vecina seguía aventando cosas, y el huía del sitio donde sentía haber cometido un crímen, Macario se preguntaba porque estaba tan torcido el mundo.

Remordimiento

Proyecto de Adictos a la escritura: Los dos mundos.
Octubre 2012

—¿Vamos a la fiesta de Halloween?

—No.

Mi primera acción de aquel día fue un prolongado bostezo.
Luego noté que tenía el estómago revuelto, y no pude hacer nada para calmarlo.

El desayuno me sentó muy mal, pero seguía segura de que no estaba enferma, sinó angustiada. No tenía idea de que podía estar angustiándome, en todo caso.

Hasta que Pedrito, con la boca llena de su cereal favorito, me hizo una petición:

—Papá sale tadde de el trabajo, ¿tú no puedes llevadme a pedid dulces en la noche?

Mi mamá le dedicó una mirada recriminadora a mi pequeño hermano, pues todos sabían que yo no quería oír una palabra sobre aquella “celebración”.

—Es muy peligroso ahí afuera en las noches —dije, de golpe, y luego razoné—. De todas formas, aquí no se hace eso.

—Lo hacen en la tele.

—Porque esas carícaturas que mirás son de otros países —tan cierto que mi hermanito incluso hablaba con un acento extranjero que me hacía preguntarme si yo también hablaba como la gente de las telenovelas.

Se cruzó de brazos con su mirada de decepción, quizá con la esperanza de que mi opinión cambiara. Yo lo lamenté mucho, pues tengo debilidad por complacerlo, pero… no hubiera podido aunque todos los vecinos tuvieran dulces para entregarle a niños desconocidos.

Tampoco me sentía capaz de ir a clases, pero fui valiente y arrastré mis pies hasta la parada del autobús privado de la universidad. No me enteré de nada en el trayecto, ni cuando llegué como zombie a la clase de cálculo, en donde no puse atención para nada.

Pensaba.

—¿Vamos a la fiesta de Halloween?

—No. Ya sabes que no me gustan las supuestas festividades. Menos las de otros países.

No podía hacer otra cosa más que pensar en mis culpas. Y al menos estaba asistiendo a mis clases, ¿no?

Pero no pude entrar a la primera clase que debía recibir en mi facultad. Porque ahí estaba ese altar. Era hermoso. La fotografía era la mejor de todas, y tenían fragmentos de sus libros favoritos, muchas rocas que hubieran quedado perfectas en su colección…

Sólo podía ser hermoso: porque tenía que ver con él. Incluso yo me había vuelto hermosa cuando él puso sus ojos en mí. Él decía que simplemente sabía reconocer la belleza. Me llevaba a todas esos sitios en donde yo no había estado porque me sentía insignificante. Claro, lo de la dichosa fiesta había sido distinto. Bien se lo había explicado yo: simplemente no me gustaban las fechas impuestas por otros: las “festividades”.

“Pero no es por la festividad, es por el baile”, había insistido él, muy convincente.

Yo no podía seguir soportando esos recuerdos. Había sido más que tomar la decisión equivocada….

Huí de la facultad; de la universidad.

Conforme pasaban las horas, había cada vez más gente disfrutando del dichoso “día de brujas”. Nunca, en toda mi infancia, yo había visto que eso se festejara. Ahora me recordaría siempre mi estúpida decisión:

—¿Vamos a la fiesta de Halloween?

—No. Ya sabes que no me gustan las supuestas festividades. Menos las de otros países.

—Pero no es por la festividad, es por el baile. ¡Dí que sí! Mira: sólo tú, yo, y varios cientos de personas, bailando bajo una excusa común.

—¿Por favor?

—…

—¿Por mí?

¿Cómo decirle que no?

Y todo a mi alrededor me lo recordaba: las fachadas, los disfraces…

En mi afán de alejarme de todo eso, me interné en un callejón solitario, al que la noche había entrado anticipadamente debido a la sombra de los edificios.

Me senté en un rincón y lo lloré por primera vez.

—Mi vida, vuelve a casa antes de que se ponga peligroso.

La voz me causó un profundo dolor y una dicha más intensa todavía.

—¿Gatito? —murmuré, alzando la cabeza con la esperanza de haber enloquecido.

—Ya me parecia que llorabas —dijo, y se acercó para secar mis lágrimas—. Espero que no sea por mi culpa.

—Es que… yo… Hoy es…. —entre mi sorpresa y mis sollozos, no dije nada claro.

—Entonces si es por mí. No lo hagas. Yo estoy bien, a decir verdad. Y por lo que pasó esa noche… fue mi culpa. Sí hubieras dicho que sí, te habrían lastimado a ti también. Al menos hay uno de nosotros para cumplir todos esos sueños. La carrera, los viajes… Los harás hasta que sea hora de alcanzarme, ¿verdad?

El año a anterior, cerca de esa hora, él me había pedido algo más sencillo y yo me había negado. Pero no esta vez.

—Entonces —concluyó él, cuando dije que sí—, ve a casa antes de que oscurezca, sólo para que no me preocupe, ¿está bien?

—Gatito… ¿estoy alucinándote?

—No. Parece que tenemos una especie de permiso en un par de días. No es que los vivos hagan mucho caso a eso en estas épocas, al menos no por aquí. El caso es que… pensé que hoy me necesitarías más.

Claro que lo sabía, pues me conocía bien. Por eso lo amé tanto.

Mi proveedora ha muerto

Taller de escritura “Móntame una escena”

Escena #2: Misterioso asesinato en la montaña

LiterautasNos encontramos en un bonito y pequeño pueblo de montaña al final del verano. La temporada turística está a punto de terminar y, como cada año en esta época, los vecinos se preparan para sumirse en la tranquilidad del invierno. Pero la paz del lugar se ve enturbiada cuando una mujer aparece asesinada en un paraje cercano.La fallecida se trata, al parecer, de una famosa escritora japonesa de 50 años que estaba pasando sus vacaciones en la zona. Como era de esperar, se monta un gran revuelo. Los vecinos están desconcertados, hay rumores de todo tipo, se barajan diversos sospechosos y el pueblo está invadido de periodistas, admiradores y curiosos, además de numerosos policías que acuden como refuerzo para investigar el caso.

El personaje principal de vuestra historia puede ser cualquiera excepto el asesino o la fallecida.Reto opcional: En algún momento de vuestra historia, probad a incluir la frase “Le devolvió el libro“.

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MI PROVEEDORA HA MUERTO

Todos seguían hablando de eso: en el colegio, en la televisión, en la calle…

Por lo general, cuando la gente empieza a contarme como se veía el cadáver y que la policía hizo esto o aquello, me desconecto de la conversación.

Verán, desde que empecé a leer esos libros, no me interesa nada más. Pero es porque son específicos en lo que realmente me interesa: el motivo. ¿Qué me importa a mí que un desconocido esté muerto en alguna parte si no sé por qué murió? Eso es morbo inútil e insensible.

Aunque me interesaba el homicidio reciente, no me parecían muy importantes los detalles de la escena del crimen. Después de todo mi interés no se debía a que hubiera ocurrido todo tan cerca de mi casa, si no a la víctima: mi autora favorita.

Escuché tantos detalles al respecto cuando fui al colegio, que ya me parecía haber estado ahí cuando la encontraron el día anterior.

Me demoré de regreso a casa, porque a cada rato me detenía uno de esos fanáticos enfermos que buscaban el parque donde había terminado una vida de maravillosas historias.

Aunque me parecía un fastidio que periodistas y seguidores hicieran una fiesta de la muerte de la mujer que yo más admiraba, me sentí un poco identificada con los que vinieron hasta acá porque nunca habían cumplido su sueño de conocerla y, sobre todo, me reconocí en los que lloraban en silencio.

Quizá, de haber sido en otro sitio, yo habría ido.

No, no es cierto.

A dónde quería ir, era al sitio donde ella había escrito su primer libro. Es que yo también había dejado para “la próxima firma de libros” esa situación -ahora imposible- de conocerla.

Según el noticiero, la policía seguía sin tener pistas legitimas. Lo que sí tenia, era un montón de teorías falsas, muchas de ellas ridículas y otras elaboradas y tan ficticias como esos libros que habían llenado mi vida por dos años y medio.

Aún no leía su obra maestra, porque según mi padre era “aún más inapropiada que los demás libros de esa mujer”. Mi tía incluso me había enviado una copia sabiendo que a mi me obsesionaba la autora, pero mi padre le devolvió el libro mucho antes de que yo pudiera verlo siquiera. Eso desencadenó una pelea horrible, pero él se salió con la suya y yo decidí que algún día me saldré con la mía.

Ahora es oficial que la pobre no escribirá un libro mejor que ese.

Lo bueno de tanta alaraca de la gente, es que había especiales sobre ella en todos los canales culturales y de historia.

Estaba viendo uno de esos especiales mientras estudiaba. Nuevamente, yo buscaba un concenso entre mi vicio y las exigencias de mi padre.

Intenté no imaginar demasiadas teorías sobre el asesinato de una autora relativamente polémica, pero aún así fui la primera (y espero que la última) en enterarme de quien la mató.

Lo supe por algo que dijo mi padre cuando llegó a casa y se enteró de lo que yo había dejado en televisión:

―¡La mujer está muerta y tú sigues obsesionada con ella! ¿Qué voy a hacer contigo?

¿Se dan cuenta del motivo? Si yo fuera madre de una “adicta”, también habría matado a su proveedor. No es lo más correcto, pero tampoco iré a la policía a acusar a mi padre por intentar protegerme de lo que no comprende.

No es que alguien fuera a creerme. No tengo evidencia ni un razonamiento lógico y claro.

Pero SÉ.