En ambas direcciones, como el amor

Malas Historias
Colección de relatos inspirada en los disparadores literarios que propone la Agenda Creativa 2016 de Indigo Crea.

 


 

—Me buscaste un remplazo —recrimina, con una mueca de ira deformando su preciosa cara.

Sus manos tiemblan, es evidente cuando deja de usarlas para revolverse el cabello. Las lágrimas ruedan sobre sus mejillas enrojecidas mientras pasea como león enjaulado.

Vuelve a sentarse, sus miradas se cruzan y se levanta de un salto.

—Dijiste que me amabas y que no cambiaría con la distancia —agrega, ahora en voz mas baja, pero mas venenosa—. Esto me dice justo lo contrario.

Esta vez hay respuesta. La voz es tan alta que podría decirse que ya llegaron a los gritos; hay un ligero temblor en algunas de las palabras.

—Lo que dice, es que el lugar que debías ocupar estaba desolado. Cuando te necesité, no encontré a nadie. Tuve que conformarme con quien me quisiera, porque tú me defraudaste.

—¡No te atrevas! —grita, mientras va hacia la puerta.—. ¡Fuiste tú quien me defraudó a mí!

Desaparece de la vista, cerrando de un portazo, dejando a solas a su pareja… A su ex, que ahora entierra la cabeza en sus brazos cruzados sobre la mesa.

El silencio vibra entra las paredes hasta que arañan los primeros sollozos.

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Todo porque no firmas con tu nombre

Consiga de Adictos a la escritura
Palabra: Fotografía

A veces, cuando vuelvo del trabajo, siento el absurdo deseo de marcar tu número telefónico para escuchar tu voz.
Si en algo me conoces, sabes que yo no soy capaz de negarle nada a nadie, en particular a mí misma. Pero jamás llamé porqué no tenía idea de cual era tu número de teléfono.

Ahora que lo pienso, no tengo nada tuyo. Por eso es absurdo que me muera de ganas por llamarte y que me informe sobre todos tus movimientos. Yo comencé a creer que estaba enamorada de ti cuando… Bien, lo admito, no puedo recordarlo. Ahora parece que siempre hubieras estado en mi vida.

Albergué tantas esperanzas como pude, manteniendo este “amor” ya que no todos los días consigo sentir algo más que enojo y cansancio. Está sensación de necesitarte, y querer que me necesites, y la emoción ante la sola idea de que quizá… y ahí está el problema. Existen dos palabras que odio: “esperar” y “quizá”. El “no” puede doler, y la palabra “nunca” me hace sentir vacía, sola y perdida. Pero cuando debo renunciar, puedo arrancar esa hoja de la libreta de cosas por hacer, la guardo en un lugar donde esté a salvo pero no a la vista,  me las ingenio para resignarme y me concentro en otra página. El “sí” es una enorme responsabilidad que mil veces me he negado a enfrentar. Son situaciones en las que puedo hacer algo.

Si fuéramos muy diferentes, si tuviera que resignarme, sería fácil. Amarte no es la única manera de aprovechar tu luz.

Si me dijeras que me quieres, me moriría de miedo, pero te querría. Y creo que estaríamos bien.

¡Pero ese “quizá” en tu forma de actuar me volvía loca! Con gusto hubiera aceptado conocer a tus demonios internos si fuese posible curiosear en tu mente para saber si tu “quizá” era un “no” o un “sí”. Pero eso no se puede, así que me deleité en la agonía de ese “quizá”.

Lo hubiera hecho por siempre, pero tomaron esa fotografía en que salimos juntos, y cuando llegó a mis manos descubrí que tenía un número de teléfono al reverso.

Sentí curiosidad; pero fue hasta hoy por la tarde que le sonsaqué a tu hermano que tienes esa obsesión rara de firmar con tu número telefónico en lugar de un nombre.

Cuando llegué del trabajo mi gato estaba dormido, y solamente las ganas de llamarte me recibieron. Nunca me niego aquello que puedo concederme – sería estúpido hacerlo – así que te llamé.

Y sólo estaba la contestadora, en la que tu mensaje es un breve silencio, así que sigo sin oír tu voz. ¿Me llamas cuando llegues, por favor?

Nadie trabaja gratis en estos días

Proyecto de Adictos a la escritura: Cupido.
febrero 2012

María, Pablo y Suany estaban sentados en el piso, donde siempre, en sus asuntos habituales. Pablo leía su libro de química por mientras llegaba su novia. Las muchachas hablaban sobre chicos.

—Sí, lo tiene todo pero no me determina.

Suany no comprendió.

—¿No te qué?

—No me determina.

—Sí, ¿pero eso que es, mujer?

—No sabe que existo, no le intereso, no… ya no sé otros sinónimos.

Pero ya había quedado claro.

—¿Quieres que te determine? —preguntó Pablo, dejando de lado su libro.

No era habitual que él las escuchara siquiera.

—Haría lo que fuera.

—Menos hablarle —rió Suany.

Fue entonces cuando Pablo dejó caer su libro y atravesó el patio hasta el aula de enfrente. Sus amigas estaban sorprendidas y se preguntaron “que habría perdido ahí”. Pero cuando él se detuvo frente al salón y le dijo algo al muchacho del que hablaban, María se puso pálida primero, y pasó por todos los tonos hasta el rojo mientras era señalada por su amigo y vista fijamente por quien no la determinaba. Por cierto que él sonreía con un nerviosismo que hacía pensar a Suany en lo similar que era con su amiga.
Esa misma tarde, al salir de clases, Jaime le ofreció a María acompañarla a casa, mientras ella asentía, Pablo y Suany dijeron adiós y se fueron juntos; vivían en casas vecinas, así que durante el camino Suany aprovechó para preguntar, por enésima vez, que le había dicho.

No había dicho demasiado, había preguntado que tal le parecía como posible pareja, y Jaime había perdido la voz. Había pensado en ello el resto del día, y ahora caminaban tan despacio como podían hacia la casa de ella.

Pero Pablo no podía decirle a Suany lo que había dicho, porque no lo recordaba para nada.

Como no recordaría nada la señora que atendía la pulpería de la esquina y que ahora estaba comentando con Margarita como su sobrino suspiraba por ella.

Era un trabajo agotador ir por ahí de cuerpo en cuerpo soltándoles la lengua para que las relaciones no quedaran en hubiera sólo porque tenían miedo a ser rechazados. Lo más difícil era saber cuando realmente eran el uno para el otro. Y admitía que era complicado mantener una relación, cosa que no era su deber. Pero, ellos tenían que ocuparse sólo de una, ¡mientras este pobre espíritu trabajaba tanto!

Por eso fue que comenzó a cobrar. Frases como “Haría lo que fuera” sellaban un contrato, y la verdad no era buena cosa sentirse cansados sin motivo justo al iniciar su relación… Pero, ¡esas fuerzas eran necesarias para el que los había reunido en estos tiempos tan desprovistos de afecto! Y ellos habían aceptado, ¿no?

El otro

Cuando tomé esta foto,las lagrimas humedecían mis ojos.
Fue muy grande mi esfuerzo para poder seguir.
Brazalete de hilo, en lugar de un anillo.
No por mí, usted lo sabe,
por ella.
Siempre todo es por ella.

Por ella iba a marcharme aquel abril.
Por ella fui valiente,
y por ella fue que empaque sus cosas
y la saqué del mundo en que usted la cuidó.

Por ella escribo ahora, pese a todo.
No ha extrañado los lujos, como yo temí un día;
no ha perdido su risa, como aseguró usted…
No añora a sus amigas, como ella suponía.
Pero a veces en sueños llama a otro nombre.

Lleva en su cuello siempre esa joya que quiso rechazar,
y que habíamos traído para que financiara nuestra fuga.
Ama a otro más que a mí;
y me gustaría odiarlo,
arder en celos y llevarla más lejos
hasta que un día su recuerdo no la alcance.

Más eso es imposible.
Lo admiro demasiado.
Usted le dio la vida, le enseño lo que sabe.
Usted es responsable de sus dudas y miedos,
pero también de su forma de pensar,
de su invencible y desquiciante voluntad.

Le debo demasiado, pues se la debo a ella,
y si un día pudiera perdonarme,
y admitir que la quiere como siempre,
su hija – y un día un nieto – podrían a casa regresar
sin que el precio sea nuestra felicidad.